Disfruto muchísimo viajar, sobre todo cuando voy de vacaciones y a un lugar que no conozco. Es un gozo y un privilegio poder hacerlo. Me emociona que cada minuto sea algo nuevo, algo sorprendente, algo que aprender. Me encanta que los viajes me recuerdan que todos venimos de diferentes lugares, donde se acostumbran diferentes cosas, donde las posibilidades son diferentes para cada quien y precisamente por todas estas diferencias me recuerda que debemos ser humildes y respetar los motivos de cada uno.
Prepararme para un viaje involucra muchas cosas, elegir la fecha, planear el presupuesto para gastos, planear las actividades, los lugares mas interesantes por conocer y los restaurantes que hay que probar para poder aprovechar al máximo. Porque no siempre se presenta la oportunidad de volver a ese mismo lugar. Toda esa planeación para mi es un sentimiento de una ola que se va formando y va creciendo y creciendo y mas me dan ganas de que ya sea la hora de poner pie en el lugar esperado.
Así es cada uno de mis viajes, pero definitivamente uno de los que más esperé fue el de Oaxaca. Desde que me casé, mi esposo y yo habíamos querido conocer esta ciudad de México, de donde florecen con tanta autenticidad productos de alta calidad como los textiles, artesanías, el mezcal, platillos que jamas he tenido el gusto de probar, ingredientes que ni acostumbro pronunciar, lugares históricos, paisajes, entre tantas maravillas que representan mi país.
Siendo los dos del Norte del país, las tradiciones de México no han sido tan marcadas en nuestra educación, cultura, ni en la comida o en el arte. Hemos sido muy influenciados por la cultura americana y de otras partes del mundo porque Monterrey siempre ha buscado estar a la vanguardia, ser una ciudad industrial, cosmopolita, con moda, cocina y experiencias de nivel internacional.
Habíamos planeando este viaje cada año desde el 2015 y por razones externas se terminaba cancelando. Después de 3 años de ponerlo en el calendario finalmente se nos hizo realidad. ¡La tercera es la vencida!
Oaxaca- cuyo significado del náhuatl significa en la nariz, definitivamente fue una experiencia en la punta de mi nariz, donde los aromas, sabores y colores entraron con mucha intensidad, explosivos, porque nunca antes había visto, probado, olido, sentido. Pero a la misma vez mi mente tenia tanta apertura para poder apreciar la riqueza de toda esta experiencia que encontré un balance tan sutil que todo fue una sorpresa agradable. Un contraste increíble por doquier.
Martes 21 de Noviembre 2017, día de llegada. Llegamos por la tarde, así que nos instalamos en el hotel y salimos a cenar, teníamos reservación en Los Danzantes. Los Danzantes es un restaurante que se estableció primero en DF, y tienen su línea de mezcales, buenísimos (el favorito de mi esposo, el rojo de pechuga). Ofrecen un menú Mexicano y un espacio con una magia única, donde mezclan en la totalidad de tu experiencia lo tradicional con el Mexico contemporáneo, el pescado en mole amarillo estaba increíble y la empanada de ate con queso uff que cosa.



Miércoles 22, teníamos un tour de Palenques planeado. El desayuno estaba incluido en el hotel y bastante generoso, huevitos al gusto “pansito” (como decia nuestra mesera), juguito, café (nespresso). Desayuno ideal para empezar el día con degustación de mezcal. El tour de palenques lo recomiendo muchísimo para que puedas conocer todo el proceso detrás del mezcal, lo que representa la producción y el cultivo de los tipos de agave para los agricultores locales y productores de esta bebida tan poderosa, compleja, e icónica de Mexico, yo personalmente me fascino con sus distintos aromas. Visitamos: Santa Catarina Minas, San Baltazar Chichicápam, Santiago Matatlán y dentro de esos pueblos alrededor de 5 palenques productores de mezcal. Dentro de sus palenques, que son pequeñitos, te dan a degustar de las variedades de agave aue tienen disponibles, en unos te dan hasta 12. Y la degustación un ritual: El grupo presente hace un círculo, ponen todos sus manos al centro con las palmas hacia arriba, se llena una jícara con el mezcal que se probará, desde lo mas alto se deja caer un chorrito, el mezcal va cayendo de manos en mano hasta llegar a la tierra, todos frotan sus manos y finalmente inhalamos el aroma. Después, aún en círculo, vamos pasando la jícara para darle un traguito y ahora si probarlo. Este ritual lo repetimos con cada uno de ellos. Disfrute muchísimo olerlos todos, te das cuenta que son muy variados por tipo de agave y aveces solamente por la producción, el proceso. Yo todavía no estoy tan curtida así que probarlos no fue mi fuerte, simplemente mojaba mis labios para agarrar el sabor.




De regreso paseamos por el centro de Oaxaca y visitamos La Catedral de Santo Domingo. Vale muchísimo la pena, el trabajo interior en las paredes y techos es increíble, muy ostentosa, detallada, mucho oro. Para mi tan interesante y asombroso como ver los techos de la capilla sixtina en el Vaticano.

Seguimos paseando y nos paramos por una botanita y drinks en Expendio Tradición, ofrece muy buenos platillos de cocina moderna con ingredientes tradicionales de la comida Oaxaqueña. Es un baresito con buena mixología, grupos en vivo tocando música, el lugar con decoración moderna, toda la barra cubierta de azulejos de barro negro, un espacio acogedor y cool.



Jueves 23, Segundo día de palenques. Yo recomiendo dos días de visitas a palenques únicamente si son muy fanáticos del mezcal y buscan variedad. Nuestro enfoque del viaje era en gran parte visitar lo mas que pudiéramos de palenques y casas mezcaleras. Sin embargo este segundo dia mezclamos los palenques con algo de turismo. Visitamos palenques en Tlacolula y San Lorenzo Albarradas que están en camino a Hierve el Agua.





Hierve el agua es una maravilla, un espectáculo natural formado hace miles de años. Estas cascadas petrificadas están en el risco de la montaña, asi que vayan preparados para hacer “hiking”, porque las vistas que mas valen la pena requieren de algo de caminatas en veredas incluso una zona nos toco escalar un poquitín. Hay albercas naturales, si quieres te puedes meter. Nosotros no íbamos preparados con traje de baño, pero la verdad, el sol estaba fuerte pero el viento muy fresco, no se antojaba mucho mojarte y no hay baños con mucha infraestructura como para secarte y cambiarte agusto.




De regreso al pasar por Teotitlán del Valle, visitamos el Taller de Arte del Maestro Panataleón Ruíz. El nos recibió y nos explico muchísimas técnicas de arte que utiliza desde pigmentos en polvo, hasta grafito esculpido, bueno gozamos la charla y esperamos un día hacernos de alguna obra de arte de el, quedamos cautivados con sus piezas. En ese mismo pueblo esta Tlamanalli, un restaurante de comida auténtica Zapoteca, de la chef Abigail Mendoza. Lamentablemente, la cultura del servicio restaurantero, por ser un lugar tan rústico y autóctono, no existe. Teníamos reservación hecha por teléfono, que es el único medio de comunicación con el restaurante. Llegamos y resultó que estaba cerrado, nadie contestó. Y bueno, se entiende, pero es una lástima, al parecer es común que suceda eso. Cierran y no dan aviso a sus clientes con reservas.

Continuando el camino de regreso, llegamos al árbol del tule, me lo imaginaba en medio de un bosque o de mas verde, quizá un parque grande, pero esta en medio de un pueblito, en una iglesia, en el patio de entrada. La visita es rápida pero obligada, si fué asombroso verlo. Sentir su majestuosa presencia definitivamente te hace pensar muchas cosas, cambiar de perspectiva.




Ya para finalizar el tour nuestra última parada en la carretera fue por un tradicional caldo de piedra de camarón. Cocinado con el calor de dos piedras a punto del hervor y acompañado de una quesadilla de flor de calabaza. Delicioso y muy reconfortante después de un día de muchas actividades.

Por la noche, fuimos a cenar a Casa Oaxaca. Empezamos en el baresito, bastante acogedor, chiquitín, tiene unas ventanas que dan a la calle, escuchas la gente pasar y te ofrecen, unas bebidas espectaculares con base de mezcal. Después subimos a una terraza muy linda donde nos esperaba una velada con música en vivo y una cena deliciosa donde probamos hormigas, gusanos, chapulines, moles y demás. Todo presentado de una manera muy elegante y artesanal a la vez, el balance perfecto para incursionar en nuevos ingredientes. Si vas, pasa al bar por un par de drinks y en el restaurante, pide mesa en la terraza y prueba la tostada con bichitos.





Ya entrada la noche, no paramos. De ahí nos pasamos al bar Casa Estambul. Estaba muy cool, no había nadie mas que un par de personas mas, 3 DJs y el bar. Pero así lo disfrutamos, todo para nosotros, una mezcla de música electrónica, luces y un mural locochón (pintado por Dr. Lakra) que te invitaban a relajarte y bailar como si estuvieras en una película, cuento, o un mundo surreal.

¡Viernes 24, fin de semana! El viernes lo dejamos tranquilo, para levantarnos al buen despertar, caminar a nuestro antojo y ver que lugares y rincones podíamos descubrir. Visitamos varias galerías de arte, nos metimos a todas las tienditas, compre mi intercambio de amigas (unos aretes brutales), disfrutamos caminar por las calles y admirar la arquitectura, colores. Amo las puertas, de los pueblos mexicanos.


Descubrimos un lugar para hecharnos una botanita, Zandunga, un restaurantito que ofrece cocina del Istmo de Tehuantepec. Probamos minilla de pescado, un tamal de elote y guacamole, acompañado de unas cervezas artesanales (Colimita, mi favorita) y porque no, unos mezcalitos. De ahí nos fuimos al museo de arte contemporáneo, había exposiciones muy interesantes.




Por la tarde hicimos el recorrido de los Jardines Etnobotánicos. Muy interesantes y muy, muy bonitos. Vale la pena. Únicamente te dejan hacer recorridos guiados, así que asegúrate de preguntar los horarios y cómprate un chocolate con cardamomo, frió, en agua, en el cafecito de enfrente antes para tomar durante el tour.




En la noche hicimos cita en la Mezcaloteca, que para los fanáticos del mezcal se los recomiendo. Tienen una increíble variedad de agaves y las personas detrás de la barra que te hacen la degustación de verdad son muy conocedores del proceso, las diferencias, y cualquier duda curiosa que puedas tener. El lugar muy lindo una barra antigua con poca luz, solo aceptan citas y siempre esta muy lleno. Nosotros hicimos una degustación compartida, porque yo solo huelo y pruebo y mi esposo si se los toma jaja.


De ahí nos fuimos a cenar al restaurante Criollo del Chef Enrique Olvera, una de nuestras cenas mas esperadas y no nos defraudó. Cena de 7 tiempos de alta cocina criolla contemporánea. Cada plato te brinda la satisfacción de reconocer algún sabor, autentico y simple como un mollete con chorizo pero con un toque elevado que lo hace sorprenderte. Mi mejor sorpresa, la ensaladita tibia con papa y el molote de plátano. En la parte de atrás tienen un patio y mesas grandes para grupos donde te brindan una experiencia completamente rústica, me hubiera gustado hacerlo así. En lo personal recomiendo que vayas a comer, o si vas a cenar, que sea con mucha hambre y temprano, nosotros si terminamos muy muy satisfechos, sentimos que para cena fue demasiada comida.



Sábado 25. Al buen despertar nos fuimos a desayunar a Itanoní, Tortillería y Antojería. De las cosas mas sencillas y ricas que probamos en Oaxaca. Los huevos espirituosos que consisten en un huevito estrellado cocido adentro de una hoja santa en el comal, queda muy tiernito y eso dentro de una tortilla de maiz azul. Memelas de cochinita pibil, y mi favorita, la Tetela antojadiza, llevaba quesito fresco, crema, frijolito y chicharrón seco. Por favor no dejes de ir, y acompaña tu desayuno con un tascalate, una bebida deliciosa de cacao, maiz, canela, achiote, vainilla y pilonsillo.




Ya con un buen desayuno, estábamos listos para recorrer Monte Albán. No está nada lejos de la ciudad. La Montaña sagrada de la vida, como le llamaban los zapotecos, es impresionante. Un centro arqueológico conformado de docenas de edificaciones y cientos de terrazas. Es padrísimo recorrerlo, escalarlo y sentir la brisa en lo alto de alguna de sus terrazas, hermoso.


No nos podíamos ir sin visitar la cuna del barro negro, así que después nos fuimos a San Bartolo de Coyotepec. El taller de Doña Rosa, esta en la primer sección del pueblo, ahí encuentras de todo tipo de artículos de barro negro, son artesanías muy tradicionales, bajillas, muy padres. También buscábamos algo más moderno y nuestro guía nos llevo a un taller más contemporáneo, en la segunda sección del pueblo, ahí nos mostraron todo el proceso y como es que obtiene el color negro, las piezas en este lugar eran mucho mas mi estilo.

De regreso a la ciudad pasamos a tardear a la terraza de Los Amantes esta justo enfrente de la catedral Santo Domingo, muy agusto para botanear, yo me tome unos gins y mi marido sus mezcalitos y disfrutamos de una super vista al atardecer.

Por la noche fuimos nuevamente por unos drinks al bar de Casa Oaxaca y de ahí a nuestra cena en Origen del Chef Rodolfo Castellanos. Es un restaurante de alta cocina, sencillo, donde la propuesta tiene ingredientes que vienen de lo mas profundo de nuestros pueblos y mercados que han marcado el origen de la cocina Oaxaqueña, presentándolos en platillos modernos. Prueba el risotto de flor de calabaza o la tostada de setas. Vale la pena.



De ahí continuamos con noche de marcha a otro par de baresitos, caminamos otra vez a Expendio Tradición, por unos drinks y seguir con un poco de música en vivo y después nos pasamos a Sabina Sabe, un lugar chiquitín pero muy cool, buena mixología y buen ambiente en una penumbra sensualona. Eso si tardaron muchísimo en prepararnos un par de drinks, pero no había prisa.

Y para cerrar matón, caímos en el Lechoncito de Oro, por unos taquitos de carreta. Fila en la calle oscura, iluminados solamente con su carreta estos tacos son los tacos callejeros que valen la pena probar después de varias copitas.


Domingo 26, nos levantamos tarde, y nos fuimos a caminando hasta el mercado 20 de Noviembre. Si quieres probar el tasajo, tlayudas y quesadillas de flor de calabaza con el famoso quesillo, ahí es uno de los lugares mas tradicionales. Nosotros teníamos reservación para comer así que solamente paseamos y compramos chucherías, recorrimos pasillos y pasillos de artesanías, comida que nomas nos abrían el apetito para lo que nos esperaba.
Comimos en Pitiona, lo declaro mi preferido del viaje, me dieron en el clavo con mis platillos favoritos. La sopa de fideo con esferas de queso liquido, una explosión de sabor y el taquito de lechón de 5 estrellas. ¡WOW! De entradita los camarones aguachile increíbles, de plato fuere el pollito con mole exquisito y los postres deliciosos, la nube de chocolate, barbara. El lugar bastante agradable, elegancia simple, muy iluminado, decorado con arte mexicano, paredes blancas, y una mesa con vista a la ventana, donde veíamos a la gente pasar, entraba la luz del sol, bueno una delicia.




De ahí seguimos paseando y dimos con la Mezcalillera, te lo recomiendo si quieres comprar mezcales, es donde encuentras las mejores marcas con muy buenas variedades de agave.

Ya para cenar, no teníamos mucha hambre, pero no podíamos dejar pasar un elotito de carreta con la caminata oficial en la plaza disfrutando su gente de noche, sus luces, el olor a maiz asado, sentarnos en una banca y solo observar y comer nuestro elote en la plaza de Santo Domingo.
Lunes 27, ya para acabar nuestro viaje, antes de irnos al aeropuerto, empacaditos y con maleta cerrada, repetimos un buen desayuno en Itanoní. Una despedida con acento en el maiz criollo.
Duración del viaje, 7 días y 6 noches. Para mi valió muchísimo la pena, alcanzamos a hacer todo lo que teníamos en nuestra lista de prioridades; estuvimos agusto y sin prisas. Pero definitivamente un fin de semana largo es suficiente para palomear varias cosas y poder disfrutar.
Hotel, Parador de Alcalá. Muy recomendable, siempre limpio, los cuartos pequeños pero agradables, decoración muy sencilla, buenos acabados de mármol, madera y cantera, el baño con buen espacio, regadera de lluvia y buen mantenimiento. La ubicación fue lo mejor de todo, en el mero centro, lo que nos permitió caminar a muchísimos lados, sobre todo en la noche que salíamos a cenar y pasear. Te recomiendo pidas alcoba con balcón hacia el andador, así podrás ver las callejoneadas por las noches desde tu habitación.

Te recomiendo muchísimo este viaje, y que recibas lo que te ofrece esta hermosa ciudad con apertura, para probar de todo, para beber de todo, conocer de todo desde aventuras extremas hásta un paseo tranquilo.
Espero te guste esta reseña, les estaré compartiendo los detalles de otros viajes y otras muchas cosas que voy Aprendiendo a Apreciar de todo lo que nos rodea y nos permite ser.
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